El árbol sagrado de Japón.

POR ALICIA Gobernado Hernandez
12/02/2026

El árbol sagrado de Japón.

Hoy os comparto un relato que he encontrado y del que desconzco la fuente de autoría. Me ha parecido de tal belleza lo contado, que he sentido la necesidad de compartirlo con el mundo.

En estos días en los que el planeta Tierra parece inmerso en una danza meteorológica, somos los humanos los que presenciamos bajo la piel, la vulnerabilidad con la que coesistimos con los reinos naturales; nos deja presente nuestro olvido hacia el entorno y la poca relación que nos úne y nos vincula a los elementos (lluvia, viento, fuego), a penas se ha olvidado en el corazón humano.

Qué poderosa es la fuerza de la comunidad, del dar y el recibir, del sostener y apoyar a los demás desinteresadamente, pues quizás la vida nos ha juntado por alguna razón desconocida a nuestra razón. 

Es necesario re-cordar nuestro origen natural, pasarlo de nuevo por nuestro sentir, para vivirlo a través de las relaciones socioemocionales bajo una visión restaurada. Pues somos nosotros quienes a menudo lanzamos tormentas y huracanes contra los semejantes, e incluso nuestro enfado destado pareciera una ola de incendio que asedia y liquida los territorios dejando tras de sí las huellas visibles de su paso en el paisaje. Cuantas veces, nuestras acciones repercuten en el ecosistema (natural y social) y no somos conscientes de cómo podemos restaurarlo.

Muchas cuestiones a repensar, como la ley de costas que sólo unos respetan, o como los residuos lanzados al mar, o la tala indiscriminada de árboles afectan a estos desafíos naturales.....  y un sin fin de puntos clave que en este artículo no voy a mencionar. A sabiendas de que muchas acciones no dependen directamente de nosotros como ciudadanos de este mundo, siempre queda nuestra responsabilidad personal hacia las decisiones que tomamos al respecto.

Sin más, que os inspire este relato:

 

"Cuenta la leyenda, que hace mucho mucho tiempo, los árboles podían ir de un lado para otro, porque siempre era Primavera y el viento soplaba suavemente. Pero un día, los árboles de hojas anchas, que se habían vuelto vanidosos, desarfiaron al viento. Decían que eran tan fuertes y flexibles que ni el más terrible huracán podía arrancarles las hojas. El viento se enfadó muchísimo y aceptó el desafío.

Los árboles de hojas finas se refugiaron en las cuevas y en las montañas. Los grandes y de hojas anchas esperaron al viento, y empezó el temporal. El viento sopló con tanta fuerza, que arrancó las hojas de los más soberbios, pero también arrancó a los pequeños animalitos y a las marioposas. Un árbol de hojas finas vió una nube de mariposas azotadas por el viento. Estaban a punto de morir arrastradas por el viento, algunas extenuadas, dejaban de mover las alas y se estrellaban en el suelo. 

El árbol de hojas finas no podía permitir que se perdiera algo tan bello, así que salió de su refugio e intentó salvarlas. El viento soplaba tan fuerte que arrancó todas sus hojas y algunas pequeñas ramas, pero él extendió sus ramas y todas las mariposas encontraron refugio. Cuando paró el hurcán, las mariposas volaron libres y fueron en busca de un lugar más cálido, porque aquél huracán había traído el invierno. 

Los árboles no podían moverse ni huir, porque habían transformado sus pies en raíces para no ser arrastrados por el huracán. 

El viento pensó que vivir siempre sin hojas era un castigo exagerado, pero aquellos árboles vanidosos no podrían olvidar nunca, que por su orgullo cada año se caerían sus hojas y llegaría el invierno. 

Al llegar la Primavera, a todos los árboles les brotaron hojas nuevas, menos al de hojas finas que había salvado a las mariposas, que no le salió ninguna hoja. 

Estaba muy triste y las mariposas al verlo se posaron en él para hacer de hojas, porque le estaban muy agradecidas por haberles salvado la vida. Nunca nadie ha visto un árbol tan hermoso. 

Hiciéron esto tanto tiempo, que las mariposas se convirtieron en hojas de verdad. Y así nación el Ginko, el Árbol Sagrado de Japón".